Por qué Yana está cambiando
Por Andrea Campos
Fundadora de Yana
Dónde empezó todo
Empecé a construir Yana en 2016. Tenía 22 años, llevaba 14 luchando con la depresión, y lo único que quería era algo que me ayudara a atravesar los momentos difíciles. Durante un episodio depresivo en particular, busqué ayuda en lo único que tenía a la mano: mi celular. Había como seis apps en el App Store relacionadas con la palabra “depresión”. Las descargué todas, solo para darme cuenta de que ninguna estaba en español y de que ninguna tenía lo que yo necesitaba. O eran tests para ver si tenías síntomas de depresión, o textos larguísimos que bien podrían haber sido una página de Wikipedia en lugar de una app.
Uno de mis mejores amigos de aquel entonces me arrastró a terapia, y tuve la suerte de que me llevara con una terapeuta con la que no solo hice clic, sino que además tenía el enfoque terapéutico que yo necesitaba en ese momento. Me dio una lista de cosas para practicar entre sesiones: actividades pequeñas, cosas que observar, cosas que anotar para platicarlas la siguiente semana. Llegué a mi casa e inmediatamente perdí el papel. Olvidé las actividades, nunca las hice, y regresé la siguiente semana sin nada.
Esa experiencia fue justo la que inspiró la primera versión de Yana: una app que te diera una lista de actividades según cómo te sintieras, te recordara hacerlas y te ayudara a llevar un registro de cómo te hacían sentir. Llevaba casi dos años aprendiendo a programar por mi cuenta, así que asumí que construirla yo misma iba a ser fácil. Nadie tenía por qué enterarse. Iba a ser mi “proyecto secreto”.
La verdad es que me daba muchísima vergüenza compartir esto con alguien. En ese entonces, la salud mental cargaba con mucho más estigma que ahora, al menos donde yo crecí. Ir a terapia todavía se asociaba con estar “loco”, así que, fuera de las pocas personas más cercanas a mí, nunca me imaginé hablando de esto abiertamente. Y como nadie hablaba de eso, asumí que era la única que se sentía así. Verdaderamente pensaba que estaba total y completamente sola. Entonces, ¿para qué compartirlo, si nadie más iba a necesitar algo así y lo único que iba a ganar era la vergüenza de haberlo contado? No. Tenía que quedarme callada.
Qué equivocada estaba.
Terminé contándole a una persona sobre la idea que tenía, y me dijo: “Yo también he pasado por momentos difíciles, así que sé de lo que hablas”. Luego le conté a otra, y a otra, y poco a poco me di cuenta de que estaba todo menos sola. Peor aún, me hizo ver cuántas personas estábamos cargando con algo en silencio. Así que decidí hacerlo “en serio”, sea lo que sea que eso significara en ese momento. No pretendo contar toda la historia aquí porque se volvería un libro en lugar de un post. Pero la idea fue tomando forma hasta que entendí que tenía que ser un chatbot.
Quiero aclarar que los chatbots de ese entonces no tenían nada que ver con la IA que conocemos hoy. Aun así, yo sabía que tenía que ser una experiencia conversacional, incluso con la tecnología de la época. No tenía idea de cómo lo iba a lograr, pero estaba segura de que ese era el camino.
La primera vez que lo presenté en público, la gente se rió: “Nadie va a querer hablar con un robot sobre sus sentimientos, y menos en un momento así”. Otras personas se me acercaban en privado después y me decían: “Creo que yo sí usaría algo así”, o “Yo no, pero mi hermana pasó por algo parecido y esto le hubiera ayudado muchísimo”. (A veces era una pareja, un mejor amigo, una prima. Escuché todas las versiones.)
Lancé una campaña de crowdfunding para arrancar oficialmente. La meta era llegar a 16,000 personas. Diez años después, Yana se ha descargado más de 18 millones de veces, y en el camino llegaron mil aprendizajes.
Este post es sobre el más grande.
Lo que seguíamos viendo
La mayoría de las personas llegaba a Yana cuando algo ya les dolía. Platicaban, se sentían un poco mejor y se iban hasta el siguiente momento difícil, meses o incluso años después. De hecho, muchas de las personas que descargaban Yana no eran nuevas. Ya la habían tenido, la habían borrado y la estaban instalando otra vez porque las cosas se habían puesto difíciles de nuevo. Y así una y otra vez.
Durante mucho tiempo pensé que eso estaba bien. Yana estaba ahí cuando importaba. Estaba siendo, para otras personas, exactamente lo que yo hubiera querido tener en mis peores días. Pero entre más lo analizaba, más me daba cuenta de que se parecía a una sala de urgencias. Vas cuando algo está muy mal. Te ayudan con lo que te duele en ese momento. Pero nada de esa visita cambia necesariamente lo que pasa entre una emergencia y la siguiente.
El bienestar emocional no funciona realmente así. La fuerza que tienes en un día difícil viene, sobre todo, de lo que construiste en los días normales: notar cómo te sientes antes de que te rebase, practicar pequeñas cosas que te hacen bien, como la gratitud o las afirmaciones, aprender a hablarte con más amabilidad y conocerte un poquito mejor cada semana. Esa era la parte en la que Yana claramente no estaba ayudando.
Verdaderamente puedo decir que lo intentamos. Durante años agregamos funcionalidades sociales, recordatorios inteligentes, programas personalizados, insights de estado de ánimo, ejercicios y todo tipo de cosas que pudieran convertir el “me cuido cuando algo me duele” en “me cuido un poquito todos los días.” Nada resolvió el problema de fondo. Y es que, como mencionaba hace rato, Yana era (sobre todo) una experiencia conversacional, y uno abre una conversación cuando tiene algo que decir. Para la mayoría, eso pasa cuando algo duele.
En algún punto tuve que aceptar que solo quedaban dos caminos. Uno era apostar por completo a lo que Yana se había vuelto: apoyo en crisis, conectar a las personas con terapeutas, construir todo alrededor de los momentos más difíciles. Nunca voy a saber si eso habría funcionado, porque nunca lo intentamos. No era lo que yo quería construir. La misión siempre ha sido la misma; está literalmente en el nombre. Yana: You Are Not Alone. Y acompañarte no puede significar acompañarte únicamente en tu peor momento.
El otro camino era parar. Y por un tiempo, honestamente, pensé que hacia allá íbamos.
Pero me di cuenta de que no quería cerrarle la puerta a la misión, sino a la versión de Yana que no la estaba cumpliendo. Así que le dimos una oportunidad más, construida como la construiría si empezara hoy.
Esa es la nueva Yana.
Así que empezamos de nuevo
La idea es simple: tomarte unos minutos al día para conectar contigo y hacer algunas cosas pequeñas por tu propio crecimiento puede ser algo que de verdad disfrutes.
Por eso ahora es un juego cozy. Todo empezó con una pregunta: ¿y si tu mundo interior, ese que cargas todos los días pero nunca puedes ver, fuera algo que pudieras mirar y cuidar de verdad?
Así que en la nueva Yana vas a tener un pequeño mundo propio. Le vas a contar a Yana cómo te sientes y el mundo va a responder: el cielo va a cambiar, puede llover, puede aparecer un arcoíris. Todo tipo de clima va a tener su lugar ahí, incluida la lluvia. Vas a poder hacer pequeñas actividades de autocuidado elegidas para ese momento, y tu mundo va a crecer. Y cuando quieras platicar, Yana va a estar ahí, como siempre.
Sé cómo puede sonar “juego” junto a “salud mental”. Algunas de las primeras personas que vieron la nueva versión nos lo dijeron tal cual, y entiendo la reacción. Así que déjame explicarte por qué elegimos este formato:
Piensa en un gimnasio. La música, la luz, los aparatos, incluso el ambiente, son parte de la experiencia. Pero ninguna de esas cosas es la razón por la que vas. Vas porque cuidar tu cuerpo con regularidad importa.
Así pensamos en la nueva Yana. El mundo, las actividades, las cosas que desbloqueas, los pequeños momentos de juego están ahí para que cuidarte sea algo a lo que de verdad quieras volver. El punto no es el juego en sí. Es hacer más fácil construir pequeños hábitos que te sostengan.
La Yana de antes se volvió una sala de urgencias. La nueva Yana quiere ser más como el gimnasio: un lugar al que vas en los días normales, para que no empieces desde cero cuando lleguen los difíciles.
Yana y los momentos difíciles
Este cambio también nos hizo pensar con cuidado en algo más: qué papel debería tener Yana cuando alguien llega con algo difícil.
Yana no es, y nunca ha sido, una terapeuta. Hicimos nuestro mejor esfuerzo por comunicarlo a lo largo de los años, pero también aprendimos que a veces las personas la vivían o la interpretaban como tal. Y, la verdad, no las culpo. A veces con Yana se pueden tener conversaciones que se sienten personales, atentas y cálidas, y la línea entre una acompañante emocional y una terapeuta puede volverse difícil de ver.
Pero un proceso terapéutico es fundamentalmente distinto, y no creemos que la IA pueda reemplazarlo, especialmente cuando alguien está pasando por una crisis de salud mental aguda o seria.
También sabemos que no todas las personas que recurren a Yana en lugar de ir a terapia lo hacen porque prefieran la IA. La terapia puede ser cara, inaccesible o simplemente no estar disponible. A veces las personas usan lo que tienen porque necesitan apoyo. No creemos que la IA haya resuelto ese problema.
Esa es parte de la razón por la que hicimos un cambio deliberado en Yana. En la nueva versión va a tener más cuidado en cómo responde en los momentos difíciles, y en no parecer algo que no es. Lo que no cambia es quién es: una acompañante emocional que te va a apoyar y con la que vas a poder seguir platicando de tu vida, de lo que sientes o de lo que traigas en la mente.
Y sí, sí vas a poder seguir yendo con ella en un mal día. Solo va a tener más cuidado de no usar lenguaje terapéutico ni dar la impresión de que puede cumplir el papel de una terapeuta.
Si alguna vez estás en crisis, te va a animar a buscar a una persona, como siempre lo ha hecho. Pero no tienes que esperar a que te lo diga: la mayoría de los países tienen líneas de crisis gratuitas, y puedes encontrar la tuya en findahelpline.com.
Lo que te pido
Si puedo pedirte una sola cosa, es esta: cuando te llegue, pruébala. Dale unos días, no solo un primer vistazo. Y luego dime con honestidad cómo se siente: lo que te encanta, lo que no, lo que extrañas de la versión anterior. Puedes escribirnos a [email protected], usar este formulario o escribirnos directo desde la nueva app (el ícono ⚙️). Leo todo lo que la gente manda. Somos un equipo muy pequeño, así que cuando un mensaje necesita respuesta, puede que tardemos un poquito en contestar. Pero cada uno de ellos se lee.
Ten en cuenta que lo que vas a ver es una primera versión de lo que queremos que Yana llegue a ser. Pudimos habernos pasado años desarrollándola antes de enseñársela a alguien, pero no quisimos esperar, y no quisimos construirla sin ti. Lo que venga después depende mucho de lo que nos digas.
No espero que a todo el mundo le encante la nueva Yana. Sé que hay quienes llegaron buscando algo específico, y entiendo si esto no es eso. Pero creo que esta es la versión de Yana que de verdad puede ayudar a las personas antes de los días difíciles, no solo durante ellos.
Eso es lo que quise construir hace diez años. Solo me tomó todo este tiempo entender cómo.
Un abrazo enorme,
Andrea